La placeta había cobrado vida, una vida muy diferente a la que estamos acostumbrados, muy diferente a la de las drogas, los trastos tirados en la calle, las basuras y el olor a meado de su pavimento. Esa tarde de diciembre la plaza tuvo alegría, música, color y olor a chocolate a la taza. Pero como la realidad es otra, cuando todo acabó, la placeta se rebautizó con el nombre de "Placeta de Sant Francesc de Runes i Pixarades".

Si alguien pasa por esta plaza próximamente, no verá más que lo que hace honor a su nombre, hasta que los vecinos, y sólo nosotros hagamos un nuevo intento por revivirla.
De momento, nuestras acciones, sólo son el sueño de lo que queremos que sea algún día nuestro barrio.
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